Sobre el pelo “no-natural”

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Pocas veces me peino en la vida, tal vez porque desde pequeña aprendí a no hacerlo en respuesta (rebelde, lo acepto) a los comentarios de mi mamá: “pareces un niño, arréglate el pelo”.

Pero la verdad es que el pelo natural no nos hace menos mujeres ni menos arregladas.

Desde la temprana edad moderna, el cabello suelto, natural de las mujeres era considerado un símbolo de su sensualidad desenfrenada – la que llevaría a los hombres a la ruina. En la estructura entonces colonial de nuestro entorno americano, el cabello natural era especialmente mal visto en las mujeres africanas: sus cabellos “rebeldes” eran signos de su naturaleza salvaje y de una sensualidad incluso más peligrosa que la de la mujer blanca. Y los rasgos de ese colonialismo aún se ven en que muchas mujeres afro descendientes se alisan el pelo con relajadores tóxicos… en sus versiones menos extremas, lo usan trenzado o lo esconden debajo de turbantes. Mientras tanto, las lisas lo encrespamos con sustancias menos tóxicas… y muchas mujeres lo pintan y le hacen mil tratamientos que a veces me pregunto si realmente hacen algo.

Pero el punto aquí no es un llamado a usar el pelo “natural”. Ni siquiera yo lo hago siempre. Es más un llamado a la reflexión; a aprender a transformar nuestra apariencia no en una que vive por el hombre y la concepción patriarcal de belleza, sino en una que refleje nuestra personalidad, nuestras creencias y nuestra identidad.

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