Dior Rouge 999

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Introduciéndole la cidra a mi mamá, labios todavía medio pintados con el primer trazo de “Dior rouge 999”, que decidí probar, finalmente, después de ver la cara de asombro cuando le respondí a otra amante de los labiales que nunca lo había hecho.

El labial es mi elemento de maquillaje favorito, con el delineador en gel (que no logré dominar para darle forma a ese “cat eye” sino hasta hace un par de años). El labial es, tal vez, uno de los elementos más importantes de mi identidad: lo uso casi todos los días, para investigar e ir a la universidad, para ir a una cita romántica, para bailar y hasta para enfrentar el temor de conocer a mis nuevos alumnos cada semestre.

Pero, por alguna razón que no aún logro entender, casi siempre lo había usado en tonos oscuros: vino tinto, morado, café. Tal vez porque, en ese discurso aprendido de los colores que le van a mi “tipo de belleza”, el rojo brillante no me va. Tal vez porque, a pesar de usar labial, siempre había intentado quitarle la sensualidad a los labios que pronuncian palabras que requieren de más seriedad para darme credibilidad en el mundo académico en que me muevo. O tal vez porque, así me cueste a veces aceptarlo, fui criada por una mujer que solía decirme que no usara ciertas cosas por ser “muy femme fatale”, que para ella significaba poco femenino por su falta de delicadeza.

Pero entre más uso el rojo intenso del 999, más me doy cuenta del poder que tiene. Es un rojo grande y poderoso que, sí, tal vez contrasta demasiado con mi blanca piel y mi pelo oscuro. Es un rojo que se le ha dado a las prostitutas, las brujas y las mujeres de mala vida (nombres por los cuales muchas veces me han llamado hasta mis familiares por ser una mujer que piensa y desafía el status quo). Es un rojo que se le ha dado a las mujeres cuya sensualidad desenfrenada ha sido acusada de ser la condena de los hombres. Pero también es un rojo que pertenece a las mujeres que se adueñan de su cuerpo, se apropian de su sensualidad (como les pertenece) y desafían los roles “femeninos” que les ha otorgado el patriarcado. Nada mejor que poder identificarme con un rojo así.

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