M de Mantón de Manila

mantón de manila

El Mantón de Manila es uno de los elementos más esenciales del traje hispano —porque, vale la pena anotar, no es sólo español—. Más de uno seguramente recordará verlo volando con los movimientos de alguna bailaora de flamenco, sobre los hombros de la abuela o —como sucede en mi caso— expuesto magníficamente en alguna sala de museo. Esta hermosa prenda, hecha tradicionalmente de seda, en muchos casos bordada con hilos de seda de colores vivos, que forman hermosos motivos florales, y con largos flecos trenzados, es usada, con frecuencia, sobre los hombros, doblada por la mitad diagonal. Pero a lo largo de la historia, también ha sido usada a modo de bandera, colgada de balcones en tiempos de fiesta; para adornar los salones de las más elegantes casas a lo ancho del Imperio Español; o para darle color a los pianos que en ellas reposan.

En general, y como muchas otras prendas de vestir que han existido a lo largo de la historia, el Mantón de Manila es un testimonio de la vida diaria y la concepción social de belleza en un momento y un lugar determinado. Pero también es un reflejo de la interacción entre la economía y la cultura en distintos países y del desarrollo de rutas de comercio: el Mantón de Manila muestra la dominación que alguna vez tuvieron los españoles sobre los océanos del mundo y la interacción entre los distintos elementos estéticos propios de la cultura china, la española y sus colonias americanas —y la manifestación de esta interacción en la moda—.

¿Por qué se llama “Mantón de Manila”?

mantón de manila

Aunque el Mantón de Manila sea considerado una prenda esencialmente española, lleva el nombre de un puerto en Filipinas. Lo más curioso es que en ningún momento parece haber sido creado en esta ciudad. Originalmente, estos mantones fueron hechos en el sur de China, en donde se centraba la mayor parte de la fabricación de telas de seda hasta hace relativamente poco. Cuando, en 1565, Filipinas se hizo parte del Imperio Español, se comenzaron a establecer rutas de comercio entre Asia y Europa, por vía de América; Manila se convirtió en el principal puerto de exportación, con galeones enviados hacia Acapulco (en Nueva España, ahora México), Perú y Portobelo, a partir del último cuarto del siglo XVI. Y desde las colonias, los mantones eran enviados a España.

mantón de manila
Mantón de Manila, siglo XVIII. Expuesto en la exposición temporal “Tornaviaje: La Nao de China y el Barroco en México (1565–1815),” en el Museo Franz Mayer, México DF, del 18 de agosto al 30 de octubre de 2016.

Los Mantones de Manila fueron diseñados con una variedad de motivos inspirados en el gusto “orientalista”. Inicialmente, los motivos tradicionales chinos predominaron: dragones, flores de loto, ramas de bambú, pequeños personajes vestidos con kimonos y flores (entre ellas las camelias, los crisantemos y las peonias, por ejemplo). Poco a poco, se fueron ajustando al gusto español: aparecieron rosas, claveles, girasoles y lirios en los bordados. El rango de colores también se amplió, la composición de los diseños se hizo más densa y los flecos se volvieron indispensables. Con el tiempo, los flecos se alargaron y comenzaron a incluir detalles de macramé. Además, surgieron adaptaciones regionales para los distintos mercados: los mantones que creados para venderse en Nueva España y en Perú eran diferentes y distintos también de los que se comercializarían en España.

Para el siglo XVIII, el Mantón de Manila era una pieza indispensable del traje elegante de las señoras y señoritas en distintos lugares del Imperio Español. Pero fue en el XIX que adquirió su fama. En España e Hispanoamérica, el Mantón de Manila se convirtió en un elemento esencial del traje tradicional. Y en el mundo entero, los “chales españoles” se volvieron tendencia: como accesorio de moda para las mujeres en Europa y Norteamérica y como decoración para los pianos de las familias inglesas. Con el paso del tiempo —y los cambios inevitables de la moda—, el Mantón de Manila perdió su popularidad: pasó a ser un elemento del traje de las clases más bajas, común en el ajuar de gitanas y bailaoras de flamenco. Pero no por eso deja de considerarse una de las prendas más maravillosas del mundo español.

 

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