W de [Charles Frederick] Worth

Retrato de Charles Frederick Worth en 1894
Retrato de Charles Frederick Worth en 1894

Charles Frederick Worth (1825–95) fundó la casa que, para muchos, dio vida al más alto nivel de creatividad en la moda: la alta costura —término que, originalmente, se utilizaba para referirse a la costura más fina, aunque después adquirió una definición más específica—. En 1838, Worth se convirtió en aprendiz de la novedosa tienda Swan & Edgar of Picadilly Circus, en Londres, en donde aprendió la base de lo que luego sería su propio modelo de negocios. La firma londinense capitalizaba en la importancia de las compras como pasatiempo de clase media, ofreciéndoles una gran variedad de productos a la moda, desde vestidos hechos a la medida hasta chales y mantones.

Desde el comienzo de su formación como modista, Worth estuvo involucrado en una revolución del menudeo, ganando un conocimiento excepcional sobre una enorme variedad de textiles y experimentando con nuevas técnicas de ventas, que se encargaban de vestir a las clientes como ellas lo soñaban. Por fuera del ámbito comercial, Worth también se benefició del reposicionamiento de Londres como una ciudad cultural de importancia mundial en las décadas de 1830 y 40. Como ciudad capital des comercio y el turismo internacionales, Londres ofreció a Worth una gran riqueza de material para su inspiración, con galerías, obras de teatro, librerías y exposiciones. La fama que Worth se ganó por su habilidad de escoger y manipular las telas para que se adaptaran a la complexión y la personalidad de sus clientes, de una forma casi teatral, se desarrolló durante estos años de formación en Londres (Breward, p. 29).

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Retrato de la Emperatriz Elisabeth de Austria por Franz Xavier Winterhalter (1865).

Pero la vida y la fama de Worth estaban era en París. Después de arduos meses aprendiendo francés mientras trabajaba de asistente, encontró un mejor trabajo como costurero en Gagelin & Opigez, en la famosa rue de Richelieu. Allí se expuso a las más finas telas y guarniciones, desarrollando aun más sus habilidades. La calidad sorprendentemente simple y perfectamente construida de sus vestidos se ganó muy pronto la atención de las clientes, por lo que la compañía estableció un departamento de modistería, del cual Worth se hizo cargo.

Hacia 1856–7, el diseñador fundó “Worth”, que luego (probablemente hacia 1858) se convertiría en la Casa de Worth. Su esposa, Marie Vernet (1825–98) se convirtió en la mejor modelo para sus creaciones, llamando la atención de algunas mujeres de la alta sociedad parisina. La reputación de Worth se ganó el patronaje de la Princesa Metternich, esposa del embajador austríaco en París y, a través de ella, el de la Emperatriz Eugenia. Amante de la moda, la emperatriz nombró a Worth el costurero oficial de su corte en 1860. Los diseños de Worth llegaron, incluso, a vestir a la Emperatriz Elisabeth de Austria.

Charles Frederick Worth fue un gran pionero en la historia de la moda. En París, diseñaba conjuntos de corpiños y faldas intercambiables, en vez de vestidos completos, que daban mayor versatilidad a la ropa. Además, en su casa mostraba y probaba sus creaciones en cuartos pintados de distintos colores e iluminados de formas distintas, para dar mayor dramatismo a los diseños. Finalmente, mostraba sus colecciones a un público limitado de clientes y personajes influyentes importantes en señoritas refinadas, en lo que podría reconocerse como un antecedente de los desfiles de moda contemporáneos.

charles-frederick-worth-marquillaCon frecuencia, además, a Worth se le acredita de haber sido el primero en usar marquillas en sus vestidos, aunque investigación reciente lo desmiente. Sin embargo, sí fue uno de los pioneros en usar esta práctica. Sus primeras marquillas eran estampadas en oro y, a partir de los últimos años de la década de 1870, éstas fueron hechas con la firma tejida del diseñador.

Década tras década, Worth sobresalió por su actitud progresista hacia la moda. Hacia mediados de la década de 1860, experimentó con crinolinas de frente plano y faldas corneadas. En los 70s, exploró la silueta casi de sirena que requería la famosa “línea princesa”, sin corte en la cintura. Y en los 90s, aprovechó el resurgimiento de las mangas gigot, cuyo nombre viene de la forma que tenían, similar a la de un pernil de cordero.

Muchos afirman que Charles Frederick Worth fue el primer diseñador de modas y el primer modista/costurero en ser considerado un artista. La imagen del diseñador como artista, de hecho, la vemos en algunos de sus retratos tardíos, en los que aparece vestido de boina, capa y corbata de moño. Sería difícil, como todo en la moda, probar la veracidad de estas afirmaciones. Pero, lo cierto, es que Worth sí fue uno de los primeros diseñadores modernos y conocía muy bien la importancia de mantener su reputación y una gran habilidad para los negocios, más allá del talento creativo. Con su destreza para la autopromoción y la gran capacidad que tenía para convencer a sus clientes de la singularidad de sus diseños, las técnicas de Worth se convirtieron en la base del “mito de la moda” moderno.

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Diseño de vestuario por la Casa de Worth, creado entre mediados y finales de la década de 1860. Litografía con dibujo sobrepuesto en lápiz y acuarela. Imagen cortesía del Victoria & Albert Museum, Londres.

Lecturas adicionales

Christopher Breward. (2003). “The Rise of the Designer: Charles Frederick Worth,” en Fashion, pp. 28–34. Oxford University Press.

Elizabeth Ann Coleman. (2010). “Charles Frederick Worth,” en The Berg Companion to Fashion, editado por Valerie Steele, pp. 737–740. Oxford: Berg Publishers.