Consideraciones sobre los “estudios de moda”

Con mucha frecuencia, la gente se sorprende cuando digo que paso horas y horas todos los días leyendo, “excavando” información de distintos archivos, y pensando en teorías de los estudios socioculturales para entenderlos. Y es que muchas de estas personas creen que, cuando digo que me dedico a los “estudios de moda”, significa que soy diseñadora o que me dedico al mercadeo y las ventas en alguna casa de modas. Pero no. Los “estudios de moda” son, en realidad, una disciplina académica desde la cual se estudia la moda dentro de un contexto económico, social y cultural, y tienden a ser muchísimo más complicados de lo que uno se imagina a primera vista.

Hace ya casi una década, Peter McNeil (profesor de historia del diseño en la Universidad Tecnológica de Sydney) escribió en un artículo que los estudios de moda son interdisciplinarios. Como área de investigación, toman elementos de la historia, los estudios culturales, la curaduría, los estudios del cine y el teatro, la sociología y otras ciencias sociales y humanidades. Esto quiere decir que los académicos que nos dedicamos a los estudios de moda normalmente usamos técnicas de investigación “prestadas” de todas estas disciplinas y las mezclamos, como si estuviéramos haciendo una especie de collage teórico y metodológico, para poder entender la moda —como un fenómeno visual, social, artístico y cultural, más allá de la simple necesidad de vestirnos para proteger el cuerpo de los elementos naturales— en sus distintos contextos.

A pesar de las maravillas que permite la interdisciplinariedad, el estudio de la moda como un tema académico todavía es débil. Con frecuencia, hay una desconexión entre la materialidad de las vestimentas y sus representaciones. Las teorías, aunque estudiadas para el análisis de la moda, a menudo se mencionan solamente de manera superficial y desconectada del análisis. Se suelen ignorar los vínculos entre la moda contemporánea, la histórica y la memoria. Y la industria de la moda, que finalmente es la que está en el centro de atención, parece estar ausente de toda la discusión.

En años recientes, se han intentado llenar muchos de estos vacíos. Cada vez hay más programas universitarios y de posgrado dedicados a los estudios de moda, especialmente en Europa y Norteamérica. En otros casos, las universidades han mostrado un interés por explorar estos temas, incluso desde disciplinas más tradicionales como la historia, la sociología y la historia del arte. Un gran ejemplo es que, el año pasado, la Universidad de Los Andes me abrió las puertas para dictar un curso dentro del Departamento de Arte e Historia del Arte. Cada vez hay más libros y publicaciones periódicas —algunas de ellas en internet— dedicados al tema, muchos de ellos con el soporte de las editoriales académicas más importantes del mundo, incluyendo a Bloomsbury y Yale University Press.

Pero falta algo.

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En todo este auge de los estudios de moda, es poca la atención que se le ha dado a culturas distintas de la europea y las norteamericanas. ¿En dónde están África y Latinoamérica dentro de los estudios de moda?

Quizás parte del problema es que las teorías que hasta ahora se han usado para estudiar la moda desde la academia no son las más apropiadas para tratar de entenderla en contextos económicos, sociales y culturales distintos al europeo. Es posible que la aproximación desde los estudios de raza, coloniales y poscoloniales nos dé algunos frutos, aunque yo soy de las que cree que necesitamos comenzar a pensar nuestras propias teorías y filosofías. Otra parte del problema es que son pocos los esfuerzos que se han hecho para discutir temas de estudios de moda en idiomas diferentes al inglés. En Argentina, se han publicado traducciones al español de algunos libros escritos por Regina Root y Susan Hallstead, y hace no mucho, la Editorial Ampersand lanzó una colección especializada sobre Estudios de Moda. En Brasil se publica una versión del periódico académico, Fashion Theory en portugués, además de algunos libros con la investigación de profesores y académicos locales. Y en España se han publicado algunos textos sobre la indumentaria desde la historia del arte, aunque éstos suelen ser de un carácter menos interdisciplinario que el permitido por los estudios de moda.

Entonces, ¿qué nos hace falta?

Hablar sobre moda. Hablar en serio y hablar en español. No es lo mismo leer teorías —que, además, son difíciles de entender y procesar— en inglés o francés, verlas aplicadas en los estudios de moda sobre Inglaterra, Francia o, incluso, Estados Unidos, que leerlas en español, procesarlas con la ayuda nuestros amigos y colegas amantes de la moda, y pensarlas para entender nuestra propia cultura y nuestra propia sociedad. (Así como no era lo mismo la vida en la corte de Luis XV en Versalles que la vida de los mestizos de la alta sociedad en la Bogotá o el México colonial.) Por eso es mi misión (personal y académica) avivar estas conversaciones y comenzar a pensar la moda desde puntos de vista más cercanos a nuestra realidad y, sobretodo, más críticos e “inteligentes”. Los invito a unirse a la conversación en los comentarios de esta entrada y en mis redes sociales (en donde me encontrarán como @laurabelru).