El corsé: una historia cultural – Valerie Steele

“El corsé es probablemente la prenda más controversial en la historia de la moda,” asegura Valerie Steele en su libro El corsé: una historia cultural (The Corset: A Cultural History, 2001). Éste ha sido concebido, con frecuencia, en términos de la opresión versus la liberación de la mujer, de moda (errática y superficial) versus salud y comodidad. Pero no deberíamos limitarnos a estudiar este elemento esencial de la historia del traje desde un punto de vista tan reduccionista: como sucede con tantas otras prendas de vestir, el uso del corsé es una práctica situada, que significa cosas distintas para distintas personas en distintos momentos. Lo que para algunas mujeres era un atentado contra el cuerpo, para otras era un símbolo de estatus social, disciplina, respeto, belleza, juventud, erotismo y arte. En su libro, Steele estudia la historia del corsé para entender su significancia multifacética y siempre cambiante. En cada uno de sus seis capítulos, la historiadora complicando la idea ya hace rato anticuada que asume al corsé como elemento opresor de la mujer, símbolo de su tonta y vacía vanidad y, en consecuencia, prueba irreprochable de su inferioridad.

1. Acero y hueso de ballena: modelando el cuerpo aristocrático

Tal vez los dos primeros precursores del corsé fueron los vestidos con corpiños ajustados al cuerpo que enfatizaban el pecho y la basquiña (una especie de corpiño entrelazado al que se le ataba una falda con armazón) en el siglo XV. No fue hasta la primera mitad del XVI, sin embargo, que surgieron los primeros corsés verdaderos, cuando se impusieron los “cuerpos de ballena” —o en francés, corps à baleine— para mujeres. Estos recibieron su nombre de los huesos de ballena que les daban forma y fueron usados principalmente por mujeres y niñas de la aristocracia. Desde entonces, y durante cientos de años, el corsé fue un elemento esencial de la vestimenta femenina, usado también por algunos hombres.

En el siglo XVIII se redujo el uso de huesos de ballena, que luego fueron reemplazados por el acero en el XIX. A pesar de la menor cantidad de huesos en la estructura de los corsés dieciochescos, estos permitían una mayor amplitud, juntando los senos y empujándolos hacia arriba, causando también la agitación de la respiración al comprimir el diafragma.

Horst P Horst Mainbocher corset
Horst P. Horst, “Mainbocher Corset, Paris, 1939.” Fotografía impresa en gelatina de plata, 35.56 x 27.94 cm. Fotografía de ArtNet, https://www.artnet.com/auctions/artists/horst-p-horst/mainbocher-corset-paris-9

A pesar de la creencia popular, el corsé también se convirtió en un elemento importantísimo en el vestido de las mujeres de clase trabajadora, entre otras, porque les brindaba soporte en los músculos de la espalda y los abdominales, a veces necesario para las tareas pesadas que realizaban en la industria y el campo. Así, el elemento esencial del “cuerpo artístico” aristocrático del XVIII pasó a ser, también, un elemento de consumo para un público más amplio.

Hacia finales del siglo XVIII cambiaron los significados asociados al corsé en relación con las nuevas concepciones sobre el cuerpo y el género, que valoraban una feminidad “natural” y sin artificios en el traje, según los planteamientos de filósofos ilustrados como Jean-Jacques Rousseau. Sin embargo, a partir de una aparente pausa en el uso del corsé durante la Revolución Francesa (alrededor de 1789–99), el corsé retomó su dominio en la moda a partir de 1800.

2. Arte y naturaleza: las controversias del siglo XIX

El corsé concebido como una prenda de vestir “esencialmente victoriana” por su rol en la creación y el control de una identidad femenina-burguesa no es completamente convincente, pues los hombres no forzaron activamente a las mujeres a usarlo. En un proceso foucauldiano de auto-disciplina, fueron las mismas mujeres quienes abogaron por el corsé y llamaron a sus descendientes a hacer lo mismo. Según la mentalidad de la época, el corsé hacía a la mujer más bella, pues escondía los rasgos físicos que se alejaban del ideal.

Aunque algunos hombres también usaron corsé —particularmente los militares del siglo XVIII, los dandies del XIX, y aquellos con condiciones médicas en la espalda, incluso hasta nuestros días—, el corsé se convirtió rápidamente en un elemento diferenciador de género: era la base definitiva para el estándar de belleza y decoro femenino. Pero no fue un elemento diferenciador de clase. De hecho, el uso del corsé triunfó —y probablemente perduró— porque los avances de la Revolución Industrial lo hicieron disponible a una gran cantidad de mujeres, con distintos niveles de ingresos.

Y aunque a finales del XIX algunas mujeres comenzaron a abogar por la abolición del corsé, su uso se mantuvo. Esto quizás porque muchas mujeres le veían alguna utilidad al corsé, mucho más allá de ser un símbolo de feminidad. Éste era considerado un elemento que realzaba la belleza y “mejoraba” las proporciones del cuerpo, además de que soportaba los músculos de la mujer, considerados naturalmente débiles.

3. Vestir para matar: consecuencias médicas del corsé

Twist Kiki Xue Harpers Bazaar China
“Twist.” Fotografía de Kiki Xue para Harper’s Bazaar China.

Es sorprendente que muchos historiadores hayan creído tan ciegamente en tantos mitos relacionados con el uso del corsé. Se le ha culpado de causar decenas de enfermedades —e incluso la muerte—, pero pocas de ellas con razones válidas según los planteamientos de la medicina moderna.

Es posible que el corsé haya causado desmayos, pues reducía la capacidad pulmonar de las que lo usaban, al limitar los movimientos del diafragma. Sin embargo, no causaba una deformación permanente en las costillas, a menos de que se usara muy apretado desde la infancia. Y aquel famosísimo mito de que las mujeres se hacían quitar costillas para poder apretarse más el corsé y lograr cinturas más pequeñas… era completamente imposible con las prácticas médicas del XVIII e incluso con las del XIX.

El corsé no causaba escoliosis; al contrario, la mejoraba. Podía, además, mejorar los dolores de espalda en el corto plazo, aunque debilitaba los músculos en el largo plazo.

Un corsé muy apretado podía causar dificultades en el embarazo y tal vez un aborto. Pero, ¿quién nos asegura que algunas mujeres no lo usaron precisamente con este propósito?

4. Moda y fetiche: los devotos del tight-lacing

El tight-lacing (o entrenamiento de la cintura) era considerado tonto, pernicioso y demasiado común en el XIX. Las mujeres siempre negaban hacerlo; siempre era otra la que lo hacía: una sirvienta, una actriz, una niña boba. Pero parece que muchas jóvenes sí lo hacían, de vez en cuando, para bailes y ocasiones formales.

Por lo demás, parece haber sido un fetiche, una práctica completamente separada de la moda, y debe ser leído de manera similar a como vemos, hoy, a la dominatriz profesional que usa tacones de 18 cm. La famosísima cintura victoriana de 40 cm no era la norma; los corsés producidos solían medir entre 46 y 76 cm, con amplia disponibilidad de medidas más amplias. La mayoría tenían cinturas de 50–66 cm.

A pesar de esto, el tight-lacing estaba tan mal definido y llegó a ser una práctica aparentemente tan ubicua, que parecía probar toda la inferioridad mental —y moral— de la mujer; llegó a representar todo lo que estaba mal con ella.

5. El corsé de satín: una iconografía erótica

Nana Edouard Manet 1877
Edouard Manet. “Nana,” 1877. Oleo sobre tela, 150 x 116 cm. Kunsthalle, Hamburgo. Fotografía de http://www.manet.org/nana.jsp

Bien dijo Edouard Manet que “el corsé de satín puede ser el desnudo de [su] época,” pues en el siglo XIX, la ropa interior —incluido el corsé— se convirtió en una fijación del interés sexual. Y fueron, sin duda, las cortesanas y actrices las que primero adoptaron la ropa interior conspicuamente erótica.

El corsé llegó a representar, en muchas ocasiones, el contacto sexual —de ahí su potencial erotismo—. Algunas feministas aseguran, además, que la connotación erótica del corsé tiene mucho que ver con la constricción y el dolor que puede causar, apeteciéndole así más al hombre que a la mujer. Pero en algunas representaciones vemos imágenes de mujeres frente al espejo, en donde ellas mismas pueden reconocer su propio erotismo. Más generalmente, el corsé llegó a encarnar una promesa de belleza, amor y felicidad para las mujeres que lo usaban.

Algunos corsé eran considerados más eróticos que otros: las mujeres del bajo mundo eran con frecuencia retratadas con corsés de color, ricamente decorados, mientras que los corsés lisos, de color blanco, crema, o rosa pálido, eran dignos solamente de las mujeres más propias. Poco a poco, las mujeres “decentes” de la clase alta fueron adoptando lingerie erótica, lujosa y seductiva de distintos colores y con elaboradas decoraciones.

6. El cuerpo duro: un corsé muscular

La mayoría de historiadores creen que las mujeres dejaron de usar corsé gracias a los movimientos que abogaban por los derechos de la mujer pero, en realidad, la reforma del traje no era una prioridad para las feministas de finales del siglo XIX. El uso del corsé o algún tipo de faja para tornear el cuerpo perduró hasta bien entrado el siglo XX —por lo menos hasta la década de 1960—, cuando se comenzó a preferir una figura de abdomen rígido y musculoso.

En la década del 20, se favoreció una figura elongada y tubular en el traje, aunque se esperaba que el cuerpo debajo del vestido de flapper tuviera una “delgadez redondeada” con curvas naturalmente femeninas. En los 50s, la figura ideal retornó al uso de un corsé más tradicional, pues la silueta impuesta por el New Look de Christian Dior (lanzado en 1947) requería una cintura pequeña, considerada ultra-femenina. Y con la obsesión por la juventud de los 60s, la faja se convirtió en el elemento encargado de mantenerla y conservarla.

No fue sino hasta la década de 1970 que vemos un cambio que favorecía la dieta y el ejercicio por encima del uso de fajas. En los 80s, esta nueva disciplina en torno al cuerpo se convirtió en un elemento de empoderamiento femenino. Y en los 90s, fue reemplazada por la facilidad generada por el auge de la cirugía plástica.

Madonna corsé Jean Paul Gaultier
Madonna usando un corsé de Jean Paul Gaultier en el tour “Blonde Ambition” de 1990.

Fue entonces que volvió el corsé a estar de moda, ahora como prenda exterior. Al ser reemplazado por el “cuerpo duro” y musculoso, el corsé adquirió un nuevo rol en la moda, concebido ahora como símbolo del empoderamiento sexual de la mujer, y usado por rebeldes como Vivienne Westwood y Madonna. Así, dejando de ser ropa interior y soporte básico de la debilidad femenina, el corsé se ha convertido en una forma socialmente aceptable de ostentación erótica.