Estudios de Moda: Por qué es importante tomarnos la moda en serio

El área de Fashion Studies—o “estudios de moda”—puede ser considerada una especie de pantano que confunde constantemente a muchos. La mayoría de las personas, cuando me oyen decir que estoy haciendo una maestría en Fashion Studies piensan que estoy estudiando para convertirme en diseñadora. Pero no. Y aunque sea algo difícil explicar exactamente qué es Fashion Studies, principalmente porque es un área interdisciplinar que recibe influencias de una variedad de áreas de estudio, desde economías del hogar hasta estudios culturales, no es para nada una disciplina pensada para diseñar—aunque sí le puede ser útil a los diseñadores.

He visto personas que llegan a Fashion Studies de una gran variedad de contextos. Filósofos, artistas e incluso economistas se han unido bajo esta carpa que ahora llamamos Fashion Studies para tratar de entender la magia—o los disparates, dependiendo de cómo se mire—de la moda. Algunos son diseñadores que se rindieron tratando de triunfar en el sistema y ahora lo intentan entender, algunos son periodistas que buscan profundizar en moda para mejorar sus habilidades de escritura, y algunos son científicos sociales que se interesan por los múltiples asuntos que dan forma e influencian la moda. Creo que yo pertenezco a este último grupo, especialmente a medida que trato de unir mi conocimiento en historia económica con mi interés por la moda.

Créanlo o no, fue precisamente mi amor por la historia económica lo que me trajo a pensar en la moda como un área potencial de investigación académica. Hace dos o tres años, cuando todavía estaba haciendo el pregrado, tomé una electiva en historia económica sobre la industrialización alrededor del mundo. Influenciada por un pequeño fragmento del libro Pricing Beauty de Ashley Mears—que leí por lo frustrada que estaba con que la economía no fuera suficientemente social—decidí escribir mi trabajo final sobre el desarrollo de la industria neoyorquina de la moda y su relación con la industrialización. Para mí, era incomprensible que la mayoría de mis compañeros, que eran todos súper inteligentes, decidieran escribir sobre la industria ferrocarril y de transportes—algo que mis alumnos de segundo año hacían en ese momento—. Pero lo que consideraba más escandaloso era que los economistas de hoy en día ignoran la industria de la moda con tanta frecuencia, aun cuando la producción en masa es el elemento principal, y escogen enfocarse exclusivamente en otras áreas—como, precisamente, el transporte. ¡Qué falta de creatividad!

Pero al comenzar mi maestría el año pasado me di cuenta que no son sólo los economistas los que ignoran la moda. La mayoría de las disciplinas “tradicionales”—incluyendo hasta las que son consideradas más progresivas como la antropología y la sociología—también suelen hacerlo, y esto puede estar relacionado con la idea de que la moda es muy “femenina” y “superficial”. Incluso a medida que se ha desarrollado el área de Fashion Studies, la historia de la moda se ha escrito principalmente de una forma anecdótica que ignora los asuntos sociales que influencian la moda en determinados periodos de tiempo. Pero para poder entender, completamente, el papel que juega la moda en la sociedad, es importante entender cómo es que interactúa con la sociedad y su gente. De hecho, como François de Grenaille escribió alguna vez:

La moda se convierte en un principio para la lectura social y moral que no distingue entre el vestido y la condición del hombre […] Los cambios en apariencia revelan las leyes universales del corazón humano y hacen posible entender el comportamiento humano, atado al cambio y a la novedad […] El microcosmos sartorial encarna el macrocosmos del mundo. La moda es una estación de repetición entre personas y cosas, entre lo inmutable y lo estable, menos una expresión de la libertad humana que de la caída del hombre.

(Citado de The Culture of Clothes por Daniel Roche; traducido por mí)

La moda, entonces, es mucho más que una ocurrencia accidental y superficial; es una herramienta para entender distintas sociedades en distintos momentos del tiempo, y no debería ser ignorada continuamente. Neil McKendrick y sus colegas argumentan que la ropa fue uno de los productos de consumo masivo en ser notados por los observadores del siglo XVIII, cuando la industrialización apenas estaba naciendo. La ropa producida en masa era criticada por aquellos que odiaban la confusión social causada por la mayor disponibilidad de ropa partir de la producción masiva; pero también era adorada por aquellos que podían escalar en la jerarquía social como resultado del menor precio en la ropa que sucedió a causa del nuevo método de producción. Esta confrontación entre amantes y oponentes de la moda se ha extendido durante siglos, incluso fuera de la academia.

Pero más allá de la confrontación entre los adoradores de la moda y sus críticos, la moda está presente en nuestras vidas—querámoslo o no—y es una herramienta importantísima para entender las sociedades. El uso de ropa y la moda como una forma de expresión, tendencia que comenzó probablemente también en el siglo XVIII, ha sobrevivido hasta hoy; las personas se visten para comunicar una idea, aunque ésta esté “a la moda” o quiera rechazarla. Las personas escogen su ropa—o la evitan, en algunos casos—para reflejar sus nacionalidades, sus orientaciones políticas e, incluso, su estado mental. ¿Cuántas veces no hemos juzgado a alguien por lo que usan? ¿Cuántas veces no hemos escogido usar algo para mostrar como queremos ser vistos?

La moda es, sin lugar a duda, una parte indispensable en nuestro mundo, especialmente en las sociedades occidentales. Su importancia en las economías modernas industrializadas no puede ignorarse. Pero es importante poder descubrir su aparente superficialidad para poder entender lo que se esconde debajo de su elemento visual y ponerlo en conversación con asuntos sociales más amplios.

Y eso, exactamente, es lo que espero poder hacer en mi rol de académica en Fashion Studies.