photo of the sun rising, tinting the sky with orange, pink, and purplish tones.
espiritualidad

Sobre la importancia de tener un ritual mañanero

Una de las preguntas que más me hicieron el año pasado fue cómo hago para levantarme tan temprano todos los días. Y aunque quisiera poder darles una receta mágica que le sirva a todo el mundo, la verdad es que, para mí, es el resultado de una combinación de costumbre (llevo haciéndolo ya más de una década) y dedicación (casi nunca me doy permiso de “saltármelo”). Y si tuviera que encontrar un “ingrediente mágico”, diría que es la actitud de ritual sagrado con la que asumo las horas de la mañana que me dedico a mí misma, sin dejar que nada ni nadie más se me atraviese.

Como me he dado cuenta de que es un tema de interés, hoy les comparto algunos tips para levantarse temprano e incorporar un ritual sagrado en su rutina, si así lo desean. Yo recomiendo que al menos lo intenten durante unos días a ver cómo se sienten. Eso sí. Hay algo importantísimo que aclarar antes de seguir:

levantarse temprano para hacer este ritual mañanero no tiene por qué ser algo que todas las personas deban adoptar en sus vidas.

Y está bien. No hacerlo no nos hace “peores” personas ni tiene por qué generar sentimientos de culpa. Al contrario, creo fielmente en que lo más importante a la hora de incorporar nuevos elementos a nuestras rutinas es honrar a nuestros cuerpos, nuestras personalidades y nuestras obligaciones. Y aunque esto puede incluir momentos de exploración y experimentación, no ganamos absolutamente nada al someternos a un ideal impuesto desde afuera, que ni va con nuestro estilo de vida ni nos ayuda a vibrar más alto.

Habiendo aclarado eso, ahora sí les comparto tres estrategias para adoptar un ritual mañanero.

vista del cielo azul con nubes blancas desde una terraza con enredaderas

1. Acostarse más temprano y dejar todo listo en la noche

Parece obvio, pero la clave de iniciar el día unos minutos (o unas horas) más temprano, es tratar de irse a dormir más temprano. Cada quien tiene su propia relación con el sueño, pero yo soy de las que cree —y me atrevo a decir que está científicamente comprobado— que no vale la pena sacrificar horas de sueño por muchas cosas en la vida. Y levantarse más temprano es una de ellas. Por eso es que siempre trato de estar en mi cama a más tardar a las 9 de la noche, para alcanzar a dormir unas 8 horas antes de comenzar mi ritual mañanero. Otra cosa que ayuda muchísimo es dejar listo lo que voy a necesitar desde la noche anterior: la ropa que voy a usar, el agua en la tetera y el té servido, de modo que sólo sea calentar el agua y rociarla sobre el té antes de empezar.

2. Reconocer que esto lo estoy haciendo por mí y por nadie más

Como escribí arriba, el punto de levantarse temprano no es satisfacer ese ideal de productividad y actividad infinita que con frecuencia nos imponemos a nosotres mismes. Entre más días pasan en que me levanto temprano y me regalo unas horas para mí, más me doy cuenta de lo bien que me sientan. Mi ritual mañanero me hace sentirme tranquila, feliz y en paz conmigo misma, así haya días tremendamente difíciles o de grandes tristezas en mi vida. (Y aquí vale la pena recordad que nadie tiene una vida perfecta, aunque a veces así nos parezca.) También me hace sentir conectada con la naturaleza, por más de que viva en una enorme ciudad: a las 5 de la mañana cantan los pajaritos y se ve el cielo azul de una forma en que no se distingue a ninguna otra hora del día. Y la importancia de que sea en la mañana, para mí, es que a esa hora todavía no tengo presiones de estar trabajando, ni revisando mi correo, ni respondiendo a los mil mensajes que me llegan por redes sociales cada día. Es tiempo para estar conmigo y nada más. Por eso lo hago. Y por eso es que cada vez son menos los días en que dejo de hacerlo.

Esta mentalidad es la que recomiendo tener si se va a empezar un ritual mañanero. Y cuando falte la motivación, recordar por qué es que lo estamos haciendo suele ayudarnos a levantarnos de la cama. Y cuando ese “por qué” deje definitivamente de tener sentido, pues es hora de modificar el ritual o simplemente dejarlo.

image of a woman with long, dark-brown hair, wearing a light grey sweatshirt with the words "William & Mary" inscribed in green and yellow

3. Explorar, experimentar y dejar espacio para cambios

Algo de lo que me he dado cuenta en los años que llevo practicando mi ritual mañanero es que éste evoluciona a medida que avanzamos en nuestras vidas. Y, si les digo la verdad, creo que aquí está la esencia de la magia del ritual, porque nos da lo que más necesitamos en una etapa determinada. En este momento, mi ritual mañanero es levantarme a las 5 de la mañana y hacer yoga durante más o menos una hora y meditar mientras veo el amanecer desde mi terraza. Luego tomo té mientras suelto ideas en mi journal —muchas de las cuales se convierten en posts de Instagram o fragmentos de mi tesis—. Durante los últimos 5–10 minutos, saco mi agenda para organizar mi día.

Pero no siempre ha sido así.

Durante mis años universitarios, mi ritual mañanero era levantarme para ir a entrenar equitación a las 6 de la mañana; si no lo hacía a esa hora, no lo iba a hacer después. Mientras cursaba la maestría en Parsons, el ritual mañanero se convirtió en atravesar Manhattan en bicicleta para ir a hacer yoga o correr (dependiendo del día) antes de ir a clase. Cuando trabajaba en el Met, eran unos minutos de lectura, seguidos de una sesión de yoga y una caminata por Central Park antes de entrar al trabajo. Y en los años más duros del doctorado era simplemente unos minutos con un té para reflexionar sobre la vida y leer algo que no tuviera nada que ver con mi investigación (casi siempre relacionado con el yoga).

La invitación es, entonces, a hacer una especie de evaluación de su vida en este momento: ¿qué es lo que más necesitan para estar bien y que saben que no se dan el tiempo para hacerlo una vez comienza el “corre-corre” del diario vivir? Aquí puede estar la base para un ritual mañanero que, a medida que lo van incorporando en su rutina, pueden ir refinando. Y una invitación corolaria puede ser a dejar que fluya la creatividad para que el ritual se adapte también a nuestra personalidad: puede tratarse de una sesión de baile solitario a la madrugada, cantar bajo el agua, dibujar, escribir ficción, aprender a leer el Tarot, o cualquier otra cosa que se les ocurra.

***

¿Han intentado tener un ritual mañanero en sus vidas? ¿Qué tal se han sentido con él? Les invito a contarme sus experiencias en los comentarios.

Feliz semana,

L.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

css.php