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La moda por el feminismo

"We should all be feminists." Maria Grazia Chiuri for Dior SS17.

Mi relación con la moda se remonta a la temprana edad. Vestida en ensembles florales, con botas escarchadas de colores que combinaban, y un pequeño moño decorando el pelo corto que—para el horror de mi mamá—tanto insistía en tener, soñaba despierta en convertirme, algún día, en la empoderada y estilosa mujer que me vio crecer: siempre vestida con sus sastres color pastel, tacones altos hasta el cielo, y los largos crespos enmarcando la hermosa sonrisa que, incluso hoy, me reconforta más que cualquier otra cosa en el mundo. Los primeros trajes fueron reemplazados constantemente por vestidos de faldas amplias para ocasiones especiales; luego, y más permanentemente, por outfits compuestos por ombligueras, jeans bota campana, y plataformas de 12 cm; y eventualmente por camisas con moños en el cuello, culottessuecos de Gucci con motivos florales. A medida que crecía, las formas en que me vestía cambiaban, pero algo siempre se mantuvo constante: la sensación de empoderamiento que con mi ropa me doy.

Recordando a una leyenda: Bill Cunningham

Bill Cunningham New York

Conocí a Bill Cunningham en lo que me gusta recordar como el primer día de mi vida como historiadora del arte. Después de meses de trabajo duro, tratando de mostrarle al mundo de la historia del arte que yo, la economista con poca educación formal en su disciplina, podía ser parte de él, éste era mi primer día como investigadora en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (The Met). Así que, en un típico día de invierno en la ciudad—soleado pero helado—salí de mi casa con mis botines Chanel en los pies, mis libros en la cartera y mi abrigo con estampado floral favorito, tratando de no dejarme consumir por los nervios y esperando sobrevivir a mi primer día como miembro del staff en el museo que tanto adoro.

Resultó ser ese mismo día la inauguración de dos de las más exposiciones de mi departamento este año: The Power of Prints: The Legacy of William M. Ivins and A. Hyatt Mayor (El poder de los grabados: El legado de William M. Ivins y A. Hyatt Mayor) y Wordplay: Matthias Buchinger’s Drawings from the Collection of Ricky Jay (Juego de palabras: Los dibujos de Matthias Buchinger en la colección de Ricky Jay). Recién llegada al mundo de los grabados y los dibujos, y habiéndome propuesto absorber la mayor cantidad de información durante mi tiempo en el Met, pasé un largo tiempo tratando de verlo todo antes de ir por una copa de vino en la recepción. Y, mientras miraba algunos de los dibujos de Buchinger con diseños florales, un gran hombre, con la más grande sonrisa en su cara, se me acercó comentando cómo se veía de bonito el estampado floral de mi abrigo al combinarse con los dibujos que tanto tiempo llevaba yo estudiando. Era Bill.

Carolina Herrera y el sueño de ser mujer

Nacida en Venezuela, Carolina Herrera, como pocas mujeres latinoamericanas de la primera mitad del siglo pasado, tuvo el privilegio de crecer en contacto con Europa y con la magia del mundo de la alta costura parisina. Fue este contacto con la capital mundial de la moda, con el arte de genios creativos como Cristóbal Balenciaga, lo que llevó a Carolina Herrera adquirir un sentido de la estética tan fascinante, que ha logrado embrujar a hombres y mujeres por décadas. En cada una de sus creaciones es posible ver el reflejo de su historia, aquella mezcla de referentes latinoamericanos que hacen parte de nuestro imaginario cultural, con la feminidad y elegancia de la Alta Costura europea, creando una conversación única y maravillosa, que nos sigue encantado a pesar del paso de los años. Esta estética, que no hace más que exaltar la belleza de la mujer, es el resultado de unos ojos que estaban acostumbrados a contemplar cosas bellas y de una mente brillante, que sabe combinar de manera armoniosa y perfecta la belleza de dos mundos aparentemente opuestos.