El Clóset de Sara Berman en el Museo Metropolitano de NY

Exhibition Review: Sara Berman's Closet at the Met Museum

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La moda. Si me han estado leyendo durante el último año, a estas alturas ya es más que evidente que lo que más me fascina de ella es su capacidad para comunicar: con la ropa que escogemos ponernos enviamos mensajes al mundo sobre quiénes somos, qué pensamos, cómo vemos el mundo. Pero la moda—la ropa que usamos—también es reinvención. En momentos de cambio, es la moda, con nuestro proceso de vestir, uno de los instrumentos esenciales en la creación y expresión de una nueva identidad.

El closet de Sara Berman (1920–2004), expuesto en el Museo Metropolitano de Nueva York, revela la historia de la vida de esta mujer, de su reinvención.

Nació en Belarus en 1920 y se casó en Israel, para mudarse con su esposo y sus hijas a Nueva York años después. Tras lo que su hija, Maira Kalman, describe como largos años de un matrimonio infeliz—”la creíamos decrépita cuando se divorció”—, dejó su antigua vida, junto con todas sus posesiones, en la casa de su marido en el Bronx. Y así comenzó su nueva vida en downtown Manhattan, en donde creó la más reciente adición a los salones antiguos del ala americana en el Met.

Un hueco en la blanca pared del museo, el armario contiene una colección, muy cuidadosamente organizada, de ropa y curiosidades—todas en blanco—. A la izquierda, dos filas de prendas colgadas: camisas arriba, pantalones abajo (naturalmente). A su derecha, en el centro del armario, están los sacos, camisetas, ropa interior, linos, y un perfume Chanel No. 5, alineados en cinco estantes, que se doblan para formar la parte derecha del closet, llena con las curiosidades que completan la colección: un rayo para papas, libros, los tres relojes negros que ella usaba al tiempo. Debajo de los estantes del centro están los zapatos, alineados y organizados por orden tonal; en el estante superior están los accesorios, incluyendo un baúl de Louis Vuitton, un candelabro, cobija blanca, olla y globo inflable. Y el detalle final—la “cereza en el helado,” diríamos algunos—es un pompón plumoso, colgado del final de la cuerda que prende el bombillo que alumbra la colección.

A pesar de algunas notas de color—brassieres morados, el globo multicolor, los zapatos grises y verdes—, el closet da la impresión de ser todo blanco.

¿Por qué este color? “Creemos que tiene que ver con su infancia en el Mediterráneo,” dice su hija, quien co-curó la exposición con su hijo, Alex Kalman.

Después de la muerte de Sara, recuerdan,

Nos paramos frente a su closet y—tal y como hace cualquier familia—pensamos: ¡esto tiene que ir a un museo!

Para ellos, la blancura pura, el orden impecable del armario representan la naturaleza amable del día a día de una mujer que pasó las últimas décadas de su vida con él. Para el nieto, revive los fines de semana con la abuela, organizando el closet—algo que para él es la única forma de pasar tiempo de calidad con ella. Para la hija, revela el poder en el renacimiento de Sara, después de escoger abandonar una vida que no la hacía feliz. Las prendas cuidadosamente seleccionadas, el espacio tan pequeño, tenían exactamente lo que ella necesitaba. Y, más importante aun, eran propios.

Para los que vemos la exposición, la vista del armario resulta un poco desconcertante. Su minimalismo, resaltado tanto por la ausencia de color como por el contraste que crea frente al vestidor de Arabella Worsham, otro cuarto histórico que se encuentra a pasos del closet de Sara, es una especie de utopía en un tiempo en el que la sobre-acumulación—de imágenes, de ropa, de cosas—es la norma.

Pero el closet también revela el poder de la ropa tan cuidadosamente seleccionada en la creación de una identidad. Sara Berman, divorciada a sus 62, tuvo la oportunidad única de reinventarse, como una mujer independiente en el mundo contemporáneo, desde ceros. Su ropa—y los demás componentes de su armario—reflejan un proceso claramente pensado en la creación de su nueva identidad: son perfectamente cohesivos, mostrando, además, los elementos no tan obvios de su vida. La asombrosa simplicidad del closet da luz al proceso extremadamente complejo de identificación propia, de creación de identidad, de reconocimiento del propio ser. Un reconocimiento tan exitoso para Sara que, al mirar las fotos de ella en la pared perpendicular al armario, no cabe duda de que la mujer de traje blanco que sale en ellas es Sara Berman, dueña de este closet.

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