Chanel Couture Otoño 2016: Karl Lagerfeld y la elevación de la artesanía

Chanel Couture Fall 2016 by Karl Lagerfeld

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Uno de mis meses favoritos en el aparentemente imparable calendario de la moda es julio, pues celebra una de sus facetas más hermosas y artísticas: la alta costura. En esta ocasión━y probablemente sin sorprender a nadie━, el show de pasarela de Karl Lagerfeld para Chanel incluyó todo un acto alrededor de la colección. Pero esta vez, en lugar de las excentricidades de la brasserie Chanel o el juguetón supermercado que existieron alrededor en sus colecciones pasadas, Lagerfeld revivió una fase nostálgica de la moda, construyendo su actuación alrededor del atelier Chanel, y trayendo a la luz algunas de sus petites mains━las ‘pequeñas (que yo llamaría más bien invisibles) manos’ de las costureras que crean la belleza de sus diseños.

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De muchas formas, la alta costura━y su semana de la moda, que se llevó a cabo a comienzos de esta semana en París━celebra lo más alto de la moda como un fenómeno exclusivo y lujoso al cual sólo tienen acceso los más ricos. En efecto, su participación en el mercado más amplio de la moda es pequeña, con sólo un par de centenares de consumidores alrededor del mundo━aunque su importancia en términos de ingresos para las pocas casas de moda que ofrecen colecciones couture es posiblemente mayor━, siendo entonces prácticamente inaccesible para la persona promedio, sin importar cuán apasionada sea por la moda.

Pero, como un producto para ser visto por nosotros, los outsiders del mercado de alta costura amantes de la moda, la semana de alta moda también es todo un performance; es la forma en que la clase regente del sistema de la moda nos comunica, con algo de nostalgia, su historia, su legado, y los valores que trajeron la moda al mundo hace unos tres siglos. La alta costura celebra el lujo y, con él, la artesanía tradicional━aunque cada vez incluya más tecnologías nuevas━, y uno de los más importantes mitos de la moda: la idea del diseñador ‘genio’.

Esta idea, que se desarrolló con el capitalismo de finales del siglo XIX y el nacimiento de la sociedad de consumo en que vivimos, posiciona al diseñador como una especie de deidad que da forma a la moda, como el genio responsable de toda creación de moda, como la mente maestra detrás de toda tendencia. Como Christopher Breward nos cuenta en “The Rise of the Designer” (un capítulo de su libro Fashion), “la literatura estándar de moda nos dice que una sucesión de grandes creadores han aportado las más significantes contribuciones a la progresión del estilo de moda…” No es de sorprendernos, entonces, como Breward mismo explica,

…que el rol del diseñador de modas haya sido resaltado tan consistentemente en la mitología propia de la moda. En la mística que ha crecido alrededor de las prácticas de trabajo y la identidad profesional de los diseñadores, los críticos han encontrado una manera conveniente de evitar la mucho más compleja y a veces inquietante red de factores económicos, estéticos y morales que constituyen la idea o el problema de la modernidad a la moda.

A pesar de que la moda sea creada en redes de producción, en el que no es una sola persona sino un grupo relativamente grande el que trae a la vida las ideas que el diseñador pone en el papel, y en donde las calles y la ‘gente normal’ han adquirido roles más y más importantes en el último siglo, para muchos, el diseñador de modas━y cualquier connotación que tenga su nombre━es la moda. Esta idea, que comenzó a tomar forma con la ya famosa Rose Bertin, vendedora de modas en la época de María Antonieta, seguida por Charles Frederick Worth, el ‘primer diseñador de modas’, quien aprendió a decirle a las mujeres qué usar━en vez de sugerirlo, como probablemente lo hacían Bertin y sus contemporáneas━sólo llegó a desarrollarse completamente con Poiret y Chanel, quienes entendieron a cabalidad la importancia de la actuación al vender moda, de contar historias y crear imágenes de marca sólidas.

La idea del performance y el contar historias parece ser bien conocida por la mayoría de los diseñadores, muchos de ellos con cuentas de Instagram semi-personales que los ayudan en su actuación como creadores de moda (ver: Olivier Rousteing), y ha sido explotada por el auge de los documentales de diseñadores de moda del tipo de Dior and I. Pero si hay un diseñador que conoce el potencial del performance es Lagerfeld━probablemente a raíz de la herencia de Coco Chanel en el tema━. Desde coloridos supermercados hasta la elegante brasserie francesa, de aeropuertos a una paradisiaca Cuba congelada en el tiempo, Lagerfeld sabe cómo hacer de cada uno de sus desfiles de moda una declaración sobre la moda. Todo esto en un sistema de la moda que se siente más anticuado que nunca, que se siente estancado, incluso para sus más ávidos consumidores, y que, en medio del miedo económico y social en el que vivimos, está probablemente en riesgo él mismo━un temor que se ve reflejado en el constante cuestionamiento por parte de los pensadores de moda sobre si ha llegado su fin.

Para Lagerfeld, pareciera, el fin de la moda todavía no está en el horizonte, y Chanel parece apoyarlo en eso. Durante la última década, la casa ha abogado por la permanencia de las tecnicas tradicionales de la moda, que incluyen, más allá de los recamados, el tailleur (sastrería) y el flou (creación de vestidos), la sombrerería y las flores artificiales, adquiriendo ateliers pequeños, como las casas de Lesage y Michel, al mismo tiempo que adopta nuevos avances tecnológicos como las técnicas de cortado con láser. Esto quiere decir que, si algo, Chanel y Lagerfeld creen en el cambio, en el renacimiento de la industria adaptado a nuestros tiempos. Y esto, diría yo, era lo que Lagerfeld quería mostrar en su acto del martes pasado en la semana de alta moda.

Mostrando una colección que consistía en la mezcla de diseños tradicionales para la casa de Chanel━sastres, tweed y recamados hechos a mano━con elementos más modernos━jumpsuits y culottes, flores cortadas con láser y recamado hecho con plástico en 3D━, Lagerfeld recreó la experiencia del taller de alta costura en su pasarela. Y, ayudado por la difusión cada vez más rápida de imágenes que permiten el internet y las redes sociales, él le pudo mostrar al mundo lo que implica hacer alta costura: un grupo de artesanos con talento excepcional que traen al mundo y convierten en prendas reales para la mujer moderna los dibujos que el diseñador hace sobre el papel.

Escribiendo para Business of Fashion, Tim Blanks argumenta que:

…si  se quiere leer el subtexto en tal acción en la fría secuela de Brexit, podría decirse que fue la forma de Lagerfeld de recordarnos que ningun hombre es una isla. Él no sería el Poderoso Karl sin sus petites mains.

Pero━agregaría yo━él también estaba adoptando una nueva tendencia, probablemente causada por una nueva generación, en el mundo de la moda: el retorno a lo nativo, a lo artesanal, a lo hecho a mano. Las generaciones jóvenes de consumidores de moda━los millenials━parecen haber superado el encanto del nombre de diseñador y encuentran increíblemente aburrido comprar en antiguos establecimientos de moda, como el mismo Chanel. Pero volviendo a la elevacion de la artesanía, Lagerfeld estaba abasteciendo este nuevo amor por la nostalgia que parece regir los gustos de los consumidores jóvenes y ‘hip’. Y terminar su show compartiendo la pasarela con las premières de sus talleres, justo después de ver a Edie Campbell cerrar el desfile con un modernísimo━a falta de una mejor palabra━vestido de novia, con culottes rosados y abrigo recamado con cola que le hace juego, parece confirmar tal hipótesis.

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Fotografia via Vogue/Indigital